
El café es un gran aliado para despertar por las mañanas, para estar alerta, para acompañar un día frío, para reunirse con amigos a platicar, o hasta el pretexto para una cita. En cuando a las presentaciones, algunos optan por el café de grano molido; sin embargo, la opción más rápida y económica para prepararlo es el café instantáneo, ya que para prepararlo basta con agregar un poco de agua.
Detrás de la taza de café que te preparas todos los días existe una historia milenaria que se remonta al siglo XII en Etiopía, donde Kaldi, un pastor, observó que su cabra tenía más energía tras probar unos extraños frutos, los cuales eran granos de café. Siglos después, la transformación de los granos de café fue perfeccionada por los árabes, y en el siglo XVII mercaderes venecianos llevaron el producto a Europa.
En 1881 un químico estadounidense de origen japonés llamado Satori Kato presentó el primer café instantáneo; sin embargo, el sabor de la bebida no agradó al público. Posteriormente Federico Lehnhoff y George Constant Louis Washington trataron de fabricarlo de forma comercial, pero tampoco convencieron a los amantes del café ya que este nuevo producto instantáneo no se comparaba con el café de grano.
El café instantáneo está hecho 100% de granos de café. Antes de iniciar con todo el proceso de fabricación, los granos pasan por un control de calidad, posteriormente se tuestan, muelen e infusionan para que lleguen a ser solubles.
La clave del proceso del café soluble está en la eliminación del agua en el producto infusionado, ya que es en este paso donde los granos de café se vuelven cristales deshidratados provocando así que sea instantáneo. Existen dos métodos para lograrlo: deshidratación por aspersión y deshidratación por congelación.
En el primero, la infusión pasa a través de una boquilla y se rocía formando una gran aspersión de gotitas de infusión. Al pasar a través de una torre con aire seco y muy caliente, el agua se evapora rápidamente y queda el polvo de café.
En la deshidratación por congelación el café se reduce hasta un concentrado y se enfría a -6 grados en forma de granizado, posteriormente se vuelve a enfriar a -40 grados en una bandeja hasta que se forman bloques de café helado. Cuando están listos, se rompen en gránulos. Finalmente son puestos en una aspiradora de secado donde el hielo se evapora y quedan los granos de café seco.
En pocas palabras, se muele el grano tostado y se prepara una infusión de café, como lo haríamos en casa, pero en grandes cantidades y más concentrado. Una vez hecho se retira el agua y el café instantáneo está listo.
Ahora que conoces cómo se hace el café instantáneo y que no ocasiona problemas a tu salud, disfruta de una rica taza preparada fácil y rápidamente desde la comodidad de tu hogar.
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